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Reseña: Oficios Campesinos del valle de Aconcagua por el profesor Pablo Aravena. Le Monde Diplomatic noviembre 2018

Cristian Moyano es poeta y campesino de la localidad de Quebrada Alvarado, ubicada en los altos de Olmué.

Pero este no es un libro de poesía, sino un registro -mediante entrevistas- de antiguos oficios del campo: vendedores de nieve, trilladores, hierbateras, fabricantes de carbón, mieleros de palma, hortelanos, etc. treinta y nueve entrevistas en total. El autor los ha clasificado en dos: oficios extinguidos y vigentes. En la introducción, antes del inventario de los oficios, Moyano aventura algunas respuestas al porqué de su desaparición, pues usualmente se utiliza un tópico a modo de respuesta: "...la modernidad", pero ¿qué es exactamente ésto? Moyano menciona la sequía, la migración de los jóvenes a las ciudades, la venta de las tierras para fines inmobiliarios (parcelas de agrado), el exceso de celo fiscalizador medioambiental para con los campesinos y, finalmente, la pérdida de vínculo social y comunicativo entre viejos y jóvenes. Llevado a cierto grado de abstracción se trataría entonces de la dinámica del capitalismo en su expresión local: se recordará cuando Marx, en el capítulo XXIV del primer volumen de El Capital, describía el proceso de acumulación originaria en Inglaterra. Se destruyeron las tierras comunales y aparecieron los cercos, ya no se podía hacer uso libre de la tierra, cuya posesión se fue centralizando para uso ganadero lanar (industria textil), luego vinieron las leyes que limitaban la cantidad de acres de tierra que podía poseer un campesino: de cuarenta acres a veintidós, de veintidós a doce y de doce a cuatro, para ya el siglo XIX no permitir más que un jardín. ¿El sentido? Usurpar toda capacidad de autosubsistencia y arrojar individuos al mercado del trabajo. El remate fueron las leyes de persecución de la vagancia. En aquel tiempo el capitalismo necesitaba ejércitos de trabajadores. El de hoy no. Especula con la tierra, lotea, inunda, envenena. Pero algo más: ¿qué hay de la pérdida de vínculo entre viejos y jóvenes? Leyendo el libro uno no puede dejar de recordar la obsesión que tenía Pasolini con las supervivencias del mundo rural de una Italia que se había industrializa-do repentinamente para pasar de inmediato a la economía de consumo. Valga aquí lo que ha dicho Marco Antonio Bazzocchi: "siempre hay y debe haber una lucha entre padres e hijos, pero antes era un conflicto basado en la dialéctica. En cambio, según Pasolini, los hijos actuales se han enfrascado en una lucha muda, ya no quieren discutir con los padres y han convertido la juventud en un gueto que el mercado ha sabido aprovechar, transformándolo en una categoría de consumidores".

Pablo Aravena Núñez