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Seminario CEPIB-UV 2020. Viernes 31 de julio

Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades y Educación y CEPIB-UV, invitan este viernes 31 de julio, a las 18:00 horas (Chile), se realizará la 7° sesión de nuestro Seminario Interno CEPIB-UV 2020. Se presentará Gonzalo Jara Townsend con el trabajo titulado Progreso: entre catástrofe y utopía. Los que quieran participar deben ingresar a la sala ZOOM CEPIB-UV por medio de este Link. https://us02web.zoom.us/j/82051316934?pwd=ZjFmUkZzUUtpNUdzajRlVFNkZEpLUT09

 Resumen

 

Desde mediados del siglo XVIII hasta los inicios del siglo XXI muchos han tenido la sensación de que la humanidad se yergue por un buen camino, el cual es dirigido por una idea de progreso constante y sin límites, pero existen también otros que, de manera contraria, creen con mucha razón que los seres humanos se acerca hacia el abismo más profundo como especie. Los primeros tienen la sensación ilusoria de que la raza humana está creciendo hacia un futuro mejor, gracias a sus adelantos tecnológicos, científicos y económicos. Los segundos, sienten que esos mismos avances son la cuna o el pronóstico de un colapso eminente en lo social, económico y, especialmente, en lo ecológico. Los datos alentadores sobre el progreso técnico dentro del capitalismo casi ni existen de manera concreta, más aún, al parecer se hacen mucho más evidentes los pronósticos de una catástrofe en distintas dimensiones, pero que su gradualidad provoca que no se perciba, creando la negación de la recepción de estas estadísticas tan demoledoras. 

 En los últimos años, la idea de progreso y la imagen de una catástrofe creada por el mismo es cada vez más analizada por filósofos, sociólogos, antropólogos e historiadores, quienes observan sus distintos matices. Una de las características que tiene esta idea es poder reposicionarse positivamente cada vez que aparece una nueva dificultad ante mundo, además vuelve la excusa perfecta para construir un universo sin límites, los cuales se extienden hasta más allá del planeta, creando la ilusión de que este mismo progreso llevará a fundar nuevas sociedades fuera de nuestra galaxia, que ya no dependerá del desgastado planeta Tierra. Dentro de estas fantasías, el mundo como se conoce fue simplemente un primer paso para la humanidad. 

 En el siglo XIX, se construyeron distintos cuadros utópicos en donde la idea de progreso no apuntaba necesariamente con una tecnología industrial determinada, con un mecanismo finalista, sino que con una forma de vida acorde a una armonía entre las especies. Un mundo en donde la vida es más satisfactoria y en donde los avances de las ciencias eran beneficiosos para todos los seres humanos y la naturaleza. Sin embargo, al estar cargadas las utopías con esta idea, también ha provocado alucinaciones absurdas sobre un futuro por venir, visto en la imagen del esplendor humano. Lo insostenible de estos retratos ocurre porque se construye a estas sociedades de papel con las mismas herramientas que se pensaban superar, usando como base los mismos defectos que ya no deberían estar, creando una mantención de la estructural técnica y haciendo mutar solo su forma, creando simplemente una repetición infinita. A pesar de esto, la utopía puede entregar esperanzas en un presente que dura frente a las personas. Por esta misma razón, los seres humanos deben saber utilizar de manera correcta la oportunidad que les ha entregado la experiencia histórica y tienen que buscar imágenes que se encuentra en su memoria para poder salir del modelo en el cual se encuentran. 

 En base a lo anterior, el siguiente trabajo representa los dos puntos mencionados, partiendo por la idea de progreso, y luego analizando la idea de un colapso o catástrofe para después poder observar la forma en que se podría construir una utopía.  Con relación a esto último, se buscará en la imagen movilizadora de la comunidad un principio para los seres humanos que intente ser consecuente con la naturaleza.