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Movilización Feminista y Educación No Sexista

Declaración de las Académicas de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso

Declaración de las Académicas de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Valparaíso

 

Las estudiantes y las disidencias sexuales de la Facultad de Humanidades se levantaron en una movilización feminista, esta busca “una educación libre de sexismo en su sentido más amplio”. Llamando, además, a que toda la Universidad de Valparaíso se posicione frente a esta demanda, pues “si no nos posicionamos y colaboramos nos convertimos en cómplices”.
(Declaración Pública Asamblea Sociología, 7 de mayo de 2018).

 


Esta Declaración busca, precisamente, señalar la posición de las Académicas de dicha Facultad. Para hacerlo, lo primero es explicitar lo que entendemos por una educación sexista. Las mujeres fueron aceptadas en las universidades chilenas en 1877. Sin embargo, han transcurrido 140 años y es evidente que su ingreso no alteró la matriz masculina originaria de estas instituciones. Es decir, las universidades abrieron sus puertas a las mujeres a condición de que no alteraran ni desafiaran la hegemonía masculina del espacio universitario.


Lo segundo es enfatizar que esta matriz masculina se objetiva en la desigual participación en la estructura de poder y en el escaso o nulo reconocimiento al mérito académico. A medida que se asciende en la escala de poder y reconocimiento, desaparecen las mujeres. Las autoridades de mayor jerarquía son casi exclusivamente hombres y los principales fondos de investigación se tienden a concentrar en estos. Las carreras con mayor prestigio y mejores salarios tienen un predominio masculino. Incluso al interior de carreras con matrícula bastante mixta, los ramos de mayor prestigio son impartidos por hombres. Esta desigual distribución, también se constata en que las funciones administrativas y auxiliares, que son las que demandan gran cantidad de horas de trabajo y con bajas remuneraciones, son realizadas habitualmente por mujeres.
Asimismo, esta estructura desigual se manifiesta y reproduce en los Planes de Estudio de las carreras universitarias y en los contenidos abordados por las asignaturas. El conocimiento se transmite como si fuera neutro respecto del género. Cuando en verdad, el conocimiento se basa en el modelo de la masculinidad como único para todos los seres humanos. Y en el remoto caso que el género se reconozca como una dimensión significativa, con frecuencia queda relegado en los márgenes de Planes de Estudio de las carreras y programas de las asignaturas. Igual situación acontece con las autoras mujeres, escasamente citadas y leídas. Hacia eso apunta la crítica actual del movimiento feminista en las universidades chilenas; este coloca como una de las principales demandas la educación no sexista.


Tercero, las movilizaciones de las estudiantes y disidencias sexuales muestran que las universidades no son esferas desprendidas de la sociedad en que operan. No es la pureza de la racionalidad la que guía el actuar de quienes las componen. La regularidad de los casos de acoso, abuso e incluso violaciones denunciadas recientemente lo evidencian. Es decir, la masculinidad que estructura las universidades también se manifiesta diariamente en una serie de gestos y de comportamientos que dan por descontado la disponibilidad del cuerpo de las mujeres para los hombres. De manera incipiente, la creación de Protocolos en algunas instituciones de educación superior, y en particular en la Universidad de Valparaíso de manera pionera, apunta al reconocimiento de estas problemáticas y a canalizar institucionalmente las denuncias. Sin embargo aún no es suficiente, se requieren políticas de prevención, educación y sensibilización a largo plazo. Y para avanzar en esa dirección, “son las comunidades las llamadas a generar un proceso de reflexión y diálogo” (rector Valle, 15/5/2018) en torno a la violencia de género en todas sus expresiones.


Todo esto se resume en la invisibilización denunciada por las actuales movilizaciones. Las universidades en Chile se comportan como si las mujeres y la disidencia sexual no existieran. Como si las estudiantes, académicas y administrativas fueran sólo parte de un mecanismo mayor al que tienen que sumarse y someterse, pero no cuestionar y menos cambiar. Mecanismo que presenta como natural las obligaciones impuestas sobre ellas y los privilegios de que gozan los hombres.


Por último, consideramos que ha llegado la hora de cuestionar abiertamente, de desafiar y de transformar esa forma de hacer universidad. La violencia y discriminación de género no puede ni debe seguir siendo silenciada. Las mujeres y las disidencias sexuales hemos estado en posiciones subordinadas y aspiramos a la transformación social para todos los géneros, por eso nos sentimos parte de las movilizaciones lideradas por las estudiantes e invitamos a nuestros colegas varones, estudiantes y funcionarios, a abrirse a los nuevos desafíos y a sumarse al diálogo, reflexión y acción que nos permitan construir otros tipos de relaciones y prácticas en nuestro quehacer universitario.


Instituto de Filosofía - Pedagogía en Música:


Patricia Díaz Inostroza


Sofia di Capua


Yanina Figueroa Cerda


Edda Meléndez Pinto


Ximena Soto Lagos


Angela Vallejos Campbell


Instituto de Historia y Ciencias Sociales:

Marcela Cubillos Poblete


Claudia Montero Miranda


Graciela Rubio Soto


Instituto de Sociología:


María Angélica Cruz Contreras


Mónica Iglesias Vázquez


Daniela Jara Leiva


Alejandra Ramm Santalices


Sonia Reyes Herrera


Elisabeth Simburger

 

 

Valparaíso, 28 de mayo de 2018.