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Filóloga española dictó charla sobre la lengua hitita para estudiantes de Historia UV

Doctora Berta González, de la Universidad Autónoma de Madrid, relacionó la importancia de conocer la lengua para entender mejor la historia.

Aproximadamente entre los siglos XVII y XII antes de Cristo, en la península de Anatolia —hoy la parte asiática de Turquía—, el poder dominante fue el Imperio Hitita.

De su lengua hay una importante cantidad de registros, que los expertos han estado estudiando por décadas. Considerando la importancia de conocer las culturas y lo que nos ha quedado de ellas, la carrera de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales organizó para sus estudiantes la charla “Introducción a la lengua hitita. Aportaciones al conocimiento de las lenguas clásicas y sus culturas”, a cargo de la doctora Berta González, académica del Departamento de Filología Clásica de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Madrid, España.

Apunta la doctora González que “mi especialidad son las lenguas clásicas; soy lingüista, soy filóloga y a lo que me he dedicado básicamente es al estudio de la lengua hitita. Me interesa que el público entienda la importancia de conocer bien una lengua, sumado al conocimiento histórico, y cómo eso aporta no sólo para el conocimiento de ese pueblo en sí, sino de los pueblos que coincidieron en el tiempo, de esa misma época. El Imperio Hitita no sólo ocupa muchos siglos, sino que también nos ayuda a conocer civilizaciones posteriores, algunas de las que incluso no tenemos tantos datos, porque en ese momento no nos dejaron constancia”.

La lengua hitita se puede estudiar porque hay registros de ella que perduraron hasta la actualidad. Señala la filóloga: “Principalmente, lo que tenemos son unas tablillas de arcilla, unos treinta mil fragmentos —algunas están enteras, pero son pocas— y tenemos una de bronce, aunque hay constancia de que había más en metales como plata y oro, pero obviamente alguien las fundió, ¡seguro las llevamos puestas en pendientes, en collares! Pero principalmente son tablillas de arcilla, escritas en cuneiforme, que es un sistema de escritura, básicamente como un silabario, por sílabas; se hacían incisiones en esa arcilla y luego se cocían para que se preservara: es arcilla cocida”.

El descriframiento

Leer lo que está escrito en las tablillas no resultó fácil: “Fue realmente apasionante el desciframiento de la lengua hitita, porque al principio podían leerla, pero no entendían lo que estaba escrito, porque en realidad ese sistema de escritura, el cuneiforme, había sido usado por otros pueblos, como por ejemplo el acadio y el sumerio. Es decir, podían leerlo, pero es como lo que nos pasa si leemos un texto en finés: lo leemos pero no entendemos nada, no sabemos qué hay detrás”, explica Berta González.

Esta situación se mantuvo “hasta que durante la Primera Guerra Mundial un lingüista checo especialista en orientalística, Friedrich Hrozný, propuso que se trataba de una lengua de la familia indoeuropea, vinculada al latín, al griego, al sánscrito; descifró las primeras tablillas, y a partir de ahí fue funcionando. Fue muy apasionante porque es una lengua muy particular, que incluso revolucionó lo que se sabía hasta ese momento sobre las lenguas indoeuropeas”.

¿Por qué esta revolución? Dice la experta: “Porque las lenguas que se conocían de esa familia, hasta ese momento, eran muy ricas morfológicamente: tenían casos (relaciones sintácticas a través de marcas flexivas), bastantes; género: masculino, femenino, neutro; número: singular, plural y dual para las cosas que van de dos en dos, y en cambio el hitita carece de muchas de esas cosas. Entonces se puso en duda que fuera una lengua indoeuropea o que fuera una lengua indoeuropea tan antigua. Revolucionó bastante la reconstrucción de la protolengua”.

Es decir, la lengua hitita evolucionó sola, de manera independiente. “Eso es. De hecho, ha habido ciertas controversias, incluso hasta principios del siglo XXI, ¡no todo el mundo en lenguas acepta bien a los hititas!”.

Gran registro

En lo que se refiere al contenido de las tablillas hititas, se trata de un registro importante. Explica Berta González: “Hay textos muy variados. En esos treinta mil fragmentos hemos encontrado textos religiosos, hay mucho registro de ritos; parece que estaban muy enfocados en que quedara constancia de lo que se había realizado para con los dioses —muchísimos dioses, tenían un panteón riquísimo—. También tienen textos de historiografía, su propia historia narrada. También hay bastantes tratados de lealtad con otros reyes vasallos de la zona. Y cartas, muchas cartas, muy interesantes, cartas casi personales, con faraones incluso”.

No siempre los registros que llegan hasta el presente son así de valiosos: “Como lo que nos pasó con los micénicos cuando los encontramos, que eran simplemente facturas, albaranes de entradas y salidas de productos del templo… En cambio aquí no: tenemos hasta un fragmento de la Epopeya de Gilgamesh. Y había una especie de biblioteca, no se sabe muy bien, porque hay textos en otras lenguas que también tenían guardados”.

De la lengua hitita, ¿llegó algo hasta las lenguas actuales? Señala la doctora González que “en realidad no, porque los últimos reinos hititas acaban poco después del siglo XII antes de Cristo, y posiblemente se hablara alguna lengua derivada de estas lenguas de la zona de Anatolia, pero con la helenización no quedó nada, ninguna lengua moderna. Nada, se ha perdido todo”.

La filóloga finaliza afirmando que el estudio de la cultura hitita “es muy interesante, y hay mucho trabajo que hay que hacer todavía, porque en realidad hay muchas cuestiones que quedan abiertas todavía en el conocimiento de los hititas, de su lengua, su cultura, todo lo que hay detrás de ellos”.

La actividad fue coordinada por Marcela Cubillos, académica del Instituto de Historia y Ciencias Sociales